Sólo son desvarios, pensamientos que me acompañan, quizás algún día para alguien tengan sentido.
martes, 30 de julio de 2019
viernes, 5 de abril de 2019
fingiendo ser mayor.
miércoles, 23 de enero de 2019
Este juego tuyo y mío al que seguimos jugando.
Indiferencia recatada.
Miradas cruzadas.
El negarnos....
Conduciendo con el freno de mano temerosos de sentir.
Lo sabes, lo sé, lo ignoramos.
jueves, 25 de octubre de 2018
Usted
Perdida en mis pensamientos
mientras mis ojos vagan a través de la ventana del autobús, somnolienta,
aprovechando esos minutos robados del trayecto al despacho para mantenerme en
letargo, mis neuronas siguen a medios gas. ¡Como me cuestan las mañanas! En un
momento tendré que aparentar ser normal, peor aún, ser una persona eficiente. Los días
deberían empezar a eso de media mañana…
Mientras divago en mis holgazanes
pensamientos de repente me doy cuenta de que el autobús va bastante lleno y hay
varias personas mayores de pie. En un pequeño sobresalto me levanto y cedo el
asiento a una señora.
- Siéntese.
Al mismo tiempo como si fuera un
baile sincronizado otra chica también se ha levantado para ceder su asiento a
otra anciana.
- ¿Quieres sentarte?
Mi cara, no puedo evitarlo, es de
estupefacción. No me acostumbro. Eso de tutear a un anciano me descoloca totalmente.
Me chirría profundamente. Aunque nadie
más parece asombrarse y la realidad es que muchos utilizan
el tuteo para todo y todos en una relajación desmesurada de las formas y
modales. A mí no me sale, soy incapaz, creo que ni
queriendo podría tutear a un anciano. De hecho, algunos clientes de cierta edad, pese a la confianza, han tenido que solicitarme varias veces que les tutee, pero es que
por mucho que lo intento al final se me escapa el tratarlos de usted.
El Usted pronto será una
reminiscencia, un lenguaje antiguo de tiempos en que el extraño se diferenciaba
del conocido y el ámbito personal era solo para los amigos. No deja de ser irónico que hoy que recelamos
de nuestra privacidad, de la invasión ilegítima de nuestra intimidad, de la ley
de protección de datos con sus farragosos protocolos, dinamitemos el lenguaje y sus
mecanismos para diferenciar precisamente las esferas personales. Nosotros mismos invadimos el espacio ajeno con
el insistente y generalizado tuteo. ¿Dónde queda el respeto y la educación si el mecanismo que había para matizar las relaciones ya no existe? El usted
como algo ajeno o incluso burla. Como aquel profesor de universidad que se ofendió y echó de clase a una alumna cuando ésta se dirigió a él de ud en su
primer día. (verídico)
Si se empobrece la lengua se
empobrece el pensamiento.
“Vuelve mañana”. Esa sería la respuesta que recibiría Fígaro
–popularizado por Mariano José de Larra– si hoy acompañara al señor Sans-délai
a resolver sus papeleos familiares. “Vuelve mañana”, le diría la asistenta del
genealogista. “Vuelve mañana”, le respondería el portero. “Vuelve mañana”, le
aconsejaría el funcionario..
jueves, 21 de junio de 2018
Naufragamos tantas veces
que aprendimos a nadar.
miércoles, 13 de junio de 2018
Amigas de pasillo
En mi habitual corretear por los
pasillos del juzgado (algún día conseguiré no llegar tarde a todo y poder ir relajada) oigo mi nombre. Me paro en
seco, entre la multitud y el bullicio habitual vislumbro una cara conocida. Un
grito de alegría se me escapa.
¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal todo? ¿Vas
o vienes? Yo entró ahora a un juicio… En cinco minutos esas dos compañeras de
batallas universitarias nos ponemos al día de la vida y del trabajo pero cuando nos estamos animando me doy cuenta de la hora.
¡Llego tarde!– digo mientras inicio la carrera.
Nos vemos…- oigo ya en la
lejanía.
Para colmo el juzgado se ha equivocado
y no se celebra en la multiusos como nos habían notificado sino en sala, eso
supone cruzarse todo el edificio. Los arquitectos debieron pensar que a los abogados nos falta hacer ejercicio…
Como alma que persigue el diablo vuelvo a la carrera. Siempre
igual, la última sala del último pasillo.
Llego con la lengua fuera, poniéndome la toga sobre la marcha y exhausta. ¡Y como siempre van con retraso! Tanto correr para nada. Pese a ello, dejo mis cosas en el banco mientras
sonrío pensando en mi amiga . ¡Hacía mucho que no nos veíamos! Ese pequeño encuentro me ha alegrado el día. Y es que la vida
a veces nos distancia de personas con
las que te llevas bien, con las que se
congenia de forma especial, aunque cada uno tenga sus circunstancias y modos de vida diferentes. Amistades que se mantienen pese a los años y la
vida gracias a pequeños encuentros por los pasillos del juzgado.
Me doy cuenta de que la abogada contraria
no entiende nada y me mira raro. Antes de que piense que estoy
loca, sin perder mi sonrisa, la saludo y empezamos hablar del caso.
lunes, 14 de mayo de 2018
Escribirte en recuerdos los besos que no te di,
besos
sin nombre ni destino,
amores
perdidos en miradas cómplices.
Mandarte las cartas no escritas
de aquello que nunca vivimos.
jueves, 18 de enero de 2018
Abuela
No sé si será el Blue Monday, el frío,
las pocas horas de luz, el invierno, o no sé por qué, pero hace días que pienso
en mi abuela. Incluso he empezado a cocinar sus recetas, a mi manera, porqué no
tuve tiempo de tenerlas. Una mujer menuda, de pelo negro y mirada severa, de
fuerte carácter, según dicen, incluso difícil, que imponía y ordenaba. Una mujer fría, dirían muchos.
Yo recuerdo a una mujer menuda,
de pelo negro, de ojos profundos y manos frías. Siempre tenía las manos frías,
no sé por qué. La abuela, si bien es
cierto que no se andaba con chiquitas también lo es que las niñas, o sea, mi hermana y yo, éramos
siempre lo primero. Fuimos durante muchos años las únicas nietas.
Recuerdo cómo iba de ajetreada
cuando nos tenía en casa, achuchando a mí abuelo, siempre pendiente de que
estuviéramos confortables, cómodas, contentas. Si necesitábamos más cojines,
más toallas, si queríamos un vaso de leche o lo que fuese, además,siempre nos
esperaban un montón de cuadernos y lápices de colores. Nos gustaba pintar.
Recuerdo esos veranos en el pueblo. Me veo sentada en el arcón de la cocina colgándome las piernas, embobada,
mirándola mientras ella trasteaba por la cocina. Mi hermana y yo siempre queríamos ayudarla, a
limpiar las judías, hacer las rosquillas, a lavar los platos… a lo que fuese.
Ahora me doy cuenta de que probablemente molestábamos más que ayudábamos, pero
ella siempre nos dejaba participar. Siempre que íbamos al pueblo hacía rosquillas, ¡Qué jubilo!. No sé que era mejor, si comerse las
rosquillas que estaban riquísimas, o ayudarla a prepararlas. Recuerdo batir a mano
esas claras a punto de nieve hasta que me dolía el brazo y no podía más, luego
ella cogía el tenedor y plim-plam, plim-plam, en un momento las tenía. (Admiro
a esas mujeres que han cocinado toda la vida sin las ayudas que tenemos en la
actualidad.) Una mujer fuerte, de campo que cogía la cazuela caliente ¡sin trapo!. Todavía hoy no entiendo como no se
quemaba.
Recuerdo cómo me retiraba el
plato aprovechando un despiste de mi padre (yo siempre he sido de mal comer) para luego aseverar que la niña ya
había terminado.
Aunque vivíamos lejos hablábamos
por teléfono creo que cada semana. Siempre le tuve confianza, siempre le conté
mis devenires del colegio. Estaba lejos pero para mí era muy cercana.
Recuerdo cuando alguna vez vino a
nuestra casa, a Barcelona. No le gustaba
nada el viaje en tren, claro que antes el viaje era muy largo. Si viera que
ahora que en 2.30h podríamos vernos… Recuerdo que unas navidades mis abuelos
vinieron a Barcelona, no sé si porqué ya estaría enferma y andaba de médicos... Yo ignorante en aquella época, sólo era feliz
porque habían venido. Esas navidades, recuerdo, fuimos todos a misa del gallo,
porque mi abuela era de misa. Eso de salir de noche, todos, para ir a misa, en
aquel momento me pareció la cosa más sorprendente del mundo y fui todo el camino
emocionadísima, pegando brincos, cogida de las manos de mis abuelos.
Ironías de la vida, años después,
ya adolescente, recuerdo la discusión que tuve con mi abuela, precisamente
porque no quise acompañarla a misa un domingo, como había hecho toda mi
infancia cuando pasábamos los veranos en el pueblo. Tras intentar convencerme por activa y por pasiva,
al final, sin ningún aspaviento, ni amenaza, ni castigo, se fueron ellos, mis
abuelos con mi hermana pequeña, y yo me quede en casa, sola. Hoy la acompañaría todos los días si con ello
pudiese estar con ella. Ya en los
últimos años cuando estaba ciega y ya casi no salía de casa, escuchábamos misa
en la televisión. Nunca perdió su fe, pese a todo.
Recuerdo el año que cogí otitis.
Sí, otitis en un pueblo de secano en mitad de Castilla, yo soy así de especial.
En fin, que ese verano cogí otitis y tenía un dolor fuertísimo que se me
llevaban los demonios. Mi abuela, solicita y preocupada, me planchaba durante
horas unos pañuelos para que con el calor me aliviase el dolor. Eso y no los
medicamentos es a todas luces lo que me curó, estoy convencida!
Recuerdo también las
sobremesas en ese sofá del pueblo que ya entonces era viejo, arrulladas, mi
hermana y yo junto a mi abuela, cual gatos, para ver el culebrón de turno, ¡No
nos perdíamos ni un capitulo!.
Recuerdo la vez que, creo que
tenía doce o trece años, se nos ocurrió a la pandilla que éramos en el pueblo irnos a comprar un helado al pueblo de al lado, a unos 4 km. Yo juraría que lo habíamos hecho siempre pero
probablemente los adultos no estuviesen al corriente hasta esa tarde o, mejor
dicho, mi abuela no lo sabía. ¡La bronca fue de órdago! ¡Ese día sí que se
enfadó pero bien! Porqué nos podía
haber atropellado algún coche, ya que el camino no es camino sino que es la
carretera. Yo intenté defendernos, creo que ya apuntaba maneras,
alegando que habíamos ido con mucho cuidado, que había sido idea de los chicos, que las chicas éramos reticentes pero que no había otro lugar dónde comprar
helado. Yo sabía, por motivos que no acababa de comprender aún, que para mi
abuela todo lo malo eran los chicos; las chicas (en especial sus nietas) eran
las buenas. Lógicamente, obvié todos
los detalles que no hubieran ayudado nada a la defensa, la bronca, nos la llevamos. Creo que incluso
algo de castigo tuvimos, supongo que no nos dejaron salir a jugar esa noche. No debió de ser para tanto porqué ni siquiera lo recuerdo. Lo que sí
recuerdo es que a los pocos días hizo para que mi abuelo me comprará un
pequeño monedero para llevar “bien guardado” el dinero, por si teníamos que
comprar algún refresco o lo que fuese. “¡No va a ir la niña con el suelto de
cualquier manera que lo puede perder!”. Esa era mi abuela.
Luego nacieron mis primos, se
quedó ciega y enfermó… yo además crecí, me volví una adolescente que ya no le
interesaba ir al pueblo. Casi no recuerdo esos años, es como si de repente, en
un parpadeo, me encontrará en clase en la universidad, tengo varias llamadas de
mi padre y descubro atónita que mi abuela lleva un mes en el
hospital que avise a los colegios de mis hermanos que pasaremos a recogerlos,
nos vamos a Madrid.
Este es mi último recuerdo de
ella. Una mujer inconsciente en una cama de un frío hospital, tiene el pelo
lacio y blanco, con una mueca extraña sin la dentadura y muy delgada. Tal como
entro en aquella habitación, me doy la vuelta y salgo, ¡esa no es mi abuela!
Murió en abril. Recuerdo el desconsuelo
de mi abuelo, totalmente deshecho, bañado en un mar de lágrimas. Mis tíos también muy descompuestos. Había
mucha gente, familia que ni recordaba, todo pasa rápido, como si no estuviera
allí, como si fuese un espectador de una película. Yo no lloré, no la he llorado
nunca. A veces el dolor es tan grande
que te deja inerte.
La recuerdo todos sus
cumpleaños. La recuerdo todos los 12 de abril. La recuerdo siempre. Esa mujer
menuda, de pelo negro, de mirada firme y esas manos tan frías. Esa mujer para algunos severa y fría… yo solo recuerdo ese amor que nos profesaba. Recuerdo a mi abuela, Alejandra.
sábado, 18 de noviembre de 2017
[Ni te diré]
viernes, 11 de agosto de 2017
Todavía recuerdo tu voz...
pese al silencio.
pese al silencio.
viernes, 13 de enero de 2017
Historias de la Gripe: Los Virus contraatacan.
Y así de repente, sin
comunicación previa ni preaviso alguno, se presenta de nuevo, retorciéndome las
articulaciones y amartillándome el cerebro. La nariz goteando, roja, como un
payaso. Los ojos hinchados y doloridos. Me siento como una piltrafa, no puedo
con mi alma. Ayer me encontraba bien…
Cuando creía que la había vencido
por esta temporada, vuelve mi amante más acérrimo, añorándome, amándome intensamente,
enganchándose a mí como un niño aferrado a las faldas de su madre. Sólo era una tregua pasajera, una táctica de
combate engañosa para pillarme confiada y yo he caído en su emboscada
nocturna sin posibilidad alguna de defensa.
Como un desecho humano me
arrastro con mi arsenal de kleneex en
busca del milagro: Paracetamol.
Las gatas siempre leales me miran con cara de preocupación, a su manera
me dicen que no me preocupe que ellas me cuidan, que todo irá bien, que no
exagere que no me muero.
Así tumbada, tapada hasta las
cejas, con las gatas a los pies, tiritando y un dolor de cabeza insoportable,
voy perdiendo la conciencia poco a poco…
Hasta que un ruido infernal me despierta del sopor y me vuelve a la realidad:
el despertador. Quiero llorar, patalear
como un niño que no quiere ir al colegio, por unos segundos hago ver que no lo
he escuchado, que me quedo dormida. Pero
no, la conciencia recobrada me impide la farsa y a tientas, con un esfuerzo
casi sobrenatural, consigo levantarme. La impotencia se apodera de mí y me siento
desfallecer. Entonces recuerdo que es
viernes, solo tengo que aguantar unas pocas horas de la mañana, he de ser
fuerte, yo puedo!
Todavía no sé como consigo
vestirme, salir de casa, coger el bus y llegar al despacho. Enciendo el
ordenador y al mirar fugazmente el calendario de sobremesa lo veo claro, es viernes 13.
Ahora lo entiendo todo!
Ahora lo entiendo todo!
miércoles, 21 de diciembre de 2016
viernes, 9 de septiembre de 2016
viernes, 2 de septiembre de 2016
lunes, 25 de enero de 2016
viernes, 8 de enero de 2016
lunes, 27 de julio de 2015
viernes, 5 de junio de 2015
domingo, 31 de mayo de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
martes, 5 de mayo de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
viernes, 10 de abril de 2015
Cuentos perdidos: El Firmamento II.
Por alguna razón que no recuerdo de este ejercicio tengo dos historias.
Supongo que mantuvieron el mismo ejercicio varios años y enganchó también
alguno de mis hermanos o quizás simplemente baraje opciones... sea como fuere,
ahí va el segundo.
- ¿Comprende
usted el significado que tiene el firmamento?
- Sí, creo
que lo comprendo. Pero sepa usted que fui yo quien lo hizo-dijo llorando
- ¿Que quieres decir? ¿Por qué lloras George?
- Yo…- ¿cómo explicarle que había sido todo un ardid para poder estar
con ella, cómo decirle que no era benevolencia sino egoísmo lo que me empujaba,
como decirle que todo lo que había hecho para que la aceptaran en el
observatorio, enseñarle las estrellas y enseñarle amarlas, lo había hecho para
que me amará a mí? No, no podía decírselo, ahora ya era tarde…
- Tampoco te pongas así hombre, representa que es una buena
noticia!-dijo riendo. Que me case no significa que no sigamos siendo amigos,
pasaré menos tiempo en el observatorio pero seguiremos viéndonos.
- Tienes razón, lo siento, es que no me lo esperaba... y el mes que viene
hay la inauguración, ya sabes que no se me da bien tratar con la gente.
- No te preocupes George, nada cambia, ese día vendré como estaba
previsto.
Sonreí con tristeza. Ella estaba tan ilusionada, resplandecía todo su
cuerpo y su mirada chispeaba.
-Me alegro muchísimo por ti Clara, el Sr. Jones es un buen hombre.
¡Venga vámonos, no demos escusas a las habladurías! - dije mirándola con
picardía y dirigiéndome a la salida.
- Oh, Sr. Thompson que malvado es Usted!- dijo riéndose y tomándome el
brazo.
Cómo podía perderla de esa manera, no, no podía, tendría que buscar la
manera de recuperarla…
Cuentos perdidos: El Firmamento I.
Intentando encontrar un documento en la selva de
archivos de mi ordenador, me he topado, por casualidad, con una carpeta
denominada varios, descubriendo en ella un sin fin de escritos de
toda clase, la mayoría bastante antiguos. Son los deberes de
literatura míos o de mis hermanos (solían pedirme “ayuda” para las
redacciones). En esa maraña de escritos, la mayoría a ojos de
hoy incomprensibles de aceptar, he encontrado algunos cuentos e historietas que
me ha hecho ilusión recuperar pues creía que se habían perdido. Y no es que su
nivel me parezca mejor que los otros, pero en su día supusieron un pequeño
reto, de esos que mi cabezonería no perdona. Al releer esos escritos, una
sensación melancólica de recuerdos y alegría me ha inundado, y por ello he
decidido sacarles el polvo y compartirlos.
Sed benevolentes, no dejan de ser
escritos de una adolescente.
Aquí va el primero. El ejercicio consistía en desarrollar
una historia a partir de las dos primeras frases que se daban.
-¿Comprende usted el
significado que tiene el firmamento?
- Sí, creo que lo comprendo. Pero sepa usted que
fui yo quien lo hizo -dijo llorando
- ¿Y la solución es destruirlo Señor?- dije con voz dubitativa .
- El firmamento tenía que arropar al hombre, darle algo en que pensar,
en que temer… pero ahora sólo lo
estudian, investigan, descubren cada día
más cosas sobre su composición , origen y transformación, pero se olvidan de sí
mismos, ya no temen nada y se olvidan de mí - dijo con pesar.
- Señor… piénselo mejor. Esa obra tan bella no puede eliminarse, seguro
que existe otra alternativa.
- NO!- dijo contundente- sólo la oscuridad encaminará de nuevo al
hombre, sólo arrebatando aquello que más les fascina, tomarán consciencia de lo
insignificantes que son - y se dirigió hacia
la sala de reestructuración.
- ¿Cómo puede
abandonarlos? Un castigo así no lo entenderán. El fin del mundo no es
necesario. ¿Acaso su amor ha menguado? ¿Su misericordia ha perdido fuerza? Les
abandona cómo ellos le abandonan a
usted. - dije con furia
Quedó perplejo - por un instante creí que su ira caería sobre mí y
retrocedí- pero su semblante se suavizo, sonrío con malicia y dijo:
- Tienes razón, hay que predicar con el ejemplo. Al fin y al cabo qué
clase de Dios sería! Por esta vez lo dejaré pasar, pero te hago responsable de
que por lo menos de vez en cuando, al admirar mi obra, se acuerden de mí.
Respire con satisfacción, aún su avanzada edad mantenía su irascible carácter pero después de tantos años a su servicio parecía que empezaba a saber
manejarle. Bien, ahora el problema era mío, a ver que se me ocurría para estos
ingratos mortales… ¿un eclipse, una lluvia de estrellas, redirigir un cometa?
mmm… algo se me ocurriría para conmover la conciencia de esos escepticos corazones.
jueves, 19 de febrero de 2015
Historias de la gripe: La batalla continua.
Me despierto, esta oscuro, algo
desorientada me medio incorporo en la cama. Después de dos días
en el infierno parece que el tambor ha dejado de martillear mi
cabeza, también han desaparecido los clavos que aguijoneaban mis
oídos, incluso parece que puedo respirar. Asombrada, consciente de
mi consciencia, me levanto de la cama sin dudar. Algo tambaleante
pero segura de mi misma me voy directa al cuarto de baño, necesito
una ducha. Y ahí , frente a mí, la imagen que me devuelve el
espejo no es muy alentadora: nariz de payaso, una pupa en el labio
que la fiebre ha hecho aflorar, la tez pálida y demacrada, ojeras y
pelo lacio.... como personaje de Tim Burton tendría posibilidades. Pero una ducha lo cura todo! me digo a
mi misma totalmente convencida. No hay ganas de seguir sucumbiendo.
Después de la regeneradora ducha (todo
el mundo sabe que el agua y jabón cura los virus y lo mata tó) y el
cambio de pijama, me siento eufórica, sin esa telaraña que me ha
envuelto estos últimos días, renovada, lista para conquistar el
mundo. El sol entra por la cristalera del comedor, el día me
acompaña, los gatos me saludan con sus conteneos y ronroneos, y me
vengo arriba: Bye Bye gripe!
Me pongo el termómetro convencida de
mi victoria.
Zas!... ahí estan esas
diabólicas décimas que no quieren bajar.Quizás conquistar el mundo es demasiado, de momento creo conquistaré el sofá. Las fuerzas me flaquean, un sutil e incipiente dolor
de cabeza amenaza en el horizonte, y me doy cuenta que el pañuelo vuelve a
estar listo para tirar. Uff..! La impotencia y desazón me invade...
Maldita gripe! Como se agarra a mi con su amor enfermizo.
Resignada pienso que por lo menos, ya
que he conseguido salir de la cárcel de la cama, me merezco un café.
Cafeeee!! Hace dos días que no tomo mi brebaje...
Ese sabor amargo me reconforta, y
aunque debilucha, noto que las fuerzas están ahí luchando para
conquistar su territorio invadido... como el ave fénix resurgiendo
de sus cenizas decido que quiero encontrarme bien, dispuesta a
combatir los malévolos virus de la gripe: kleenex, paracetamol y
sopa de cebolla.
La batalla continua!
viernes, 6 de febrero de 2015
sábado, 31 de enero de 2015
Tazas
Sábado por la tarde. Me levanto de la siesta perezosamente para arrastrarme hasta el sofá y quedarme en él hecha un ovillo, mientras la gata oportunamente empieza a ronronear a mi lado. El invierno con su frío y oscuridad se hace tedioso. Todavía me quedan un par de horas para ducharme y arreglarme antes de salir a cenar. ¡Hoy toca desmelenarse!
Después de casi media hora, que me ha parecido cinco minutos, decido que necesito un café y espabilarme. C-A-F-E!
Enciendo la cafetera y abro el armario de la cocina para coger una taza.. y allí están: mis tazas! New York, Malta, Romania, California, Venecia, Ibiza, Israel, Canadá, y otras tantas de otros lugares del mundo. Cada una con su historia. Un amigo que fue, un familiar, amores perdidos, amigos de siempre.... Soy capaz de recordar quién me regaló qué taza. Y eso que algunas, ya un poco descoloridas, llevan mas de diez años guardadas en el armario de la cocina. Son Mis Tazas! Ya sabéis cojo mucho apego a los objetos que me acompañan.
Con cada café recuerdo a esa persona, que un día a su vez se acordó de mí en algún lugar del mundo y me trajo esa taza. Es la grandeza de las pequeñas cosas. Un simple detalle que vale millones. Los regalos, los pequeños detalles, son los que al final hacen más ilusión. No por el valor económico, sino porque nos damos cuenta que esa persona pensó en nosotros. Eso siempre reconforta. Bueno.. también por que me gustan las tazas! Mejor dicho, los Mug. Mi amor por ellos es tan irracional e irresistible como por los objetos de papelería. ¿No os pasa que cuando los veis, sentís una necesidad obsesiva de tener esos bolis de colores, esas libretas, o esos pos-its... ? Pues con las tazas es peor! Así que en vez de acumular tazas absurdas de colores, un día se me ocurrió pedirle a la gente cuando viajaba que me trajera una. Son de aquellas cosas que pides sin mucha fe de que te hagan caso.. por eso cuando me llega una me hace tantísima ilusión! Ese subidón que me da en ese momento, en que el corazón se me estremece y me desborda un torrente de alegría no se puede comprar con nada, y da sentido a esas mil veces que he tenido que resistirme a adquirir alguna que me llamaba histéricamente desde algún estante de alguna tienda...
Con una sonrisa complaciente cojo una de las tazas del armario, la coloco y aprieto el botón mágico de la cafetera. Sentada en el sofá, con la taza caliente en mis manos, absorbiendo ese milagroso brebaje oscuro, me siento bien. Y empiezo a divagar sobre los pequeños momentos y las pequeñas cosas...
Enciendo el ordenador...
martes, 20 de enero de 2015
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